viernes, 3 de septiembre de 2010

Mi abuelita se ha ido



Supongo que tendría que haber escrito antes acerca de esto pero no me salían las palabras. Cuando pienso en mi abuela, la única que he tenido, se me agolpan tantos sentimientos y momentos que se hacen un nudo y no hay manera de ponerlos en orden y explicarlos. Ahora mismo estoy, tontamente, llorando.
Y eso que la he visto muy poco. Vivía en Almansa, cerca de Albacete, en su casita con un rosal de la calle Pizarro, un cul de sac donde jugaban los niños, y donde jugué yo también de cría. 


Cuando era pequeña, iba a Almansa con mis padres una vez al año, algunas veces dos: en Navidad y en verano; pero luego, cuando empecé a ir por mi cuenta, la verdad es que cada vez los veía menos, hasta que prácticamente pasaron a ser sólo un recuerdo bonito de mi infancia.
Recuerdo la emoción de mi abuela cuando le dábamos un beso y la abrazábamos, de niños y no tan niños. Se le entrecortaban las palabras y sólo podía reir flojito, "jejeje", y sentías su cariño y su afecto y su olor...
Tengo recuerdos más o menos vagos de cuando era muy pequeña, de que le gustaba mi letra horrenda y lo que escribía porque tenía carácter... Y recuerdo sus historias...
El padre de mi abuela era ferroviario. A ella le apasionaban los trenes, creció oyéndolos, viéndolos y viviendo de ellos. Su hermano estudió para ser ferroviario como el padre, pero a ella no le dejaron por ser mujer, y estudiaba a escondidas, y se sabía mejor las lecciones que el hermano. Me hubiera gustado, alguna vez, montar en un tren con ella. Aunque ahora no son como aquellos que estaba acostumbrada a ver, cada día, desde la casita al lado de la vía donde estaba establecida con su familia.
Recuerdo cómo se sabía la lista de todos sus apellidos familiares, los dichos acerca de los "sandovalones", familia de "comilones"; su preferencia hacia "los gordicos", porque según ella eran todos buenas personas, y los delgaduchos, algo escondían; recuerdo cómo,  hasta prácticamente los 95 años, comía de todo, lo probaba todo, y no se privaba de su vasito de vino tinto... y cómo tomaba pan al final de cada comida, hasta con el yogur, porque decía que si no no le sentaba bien; y algo debía de tener ese pan, pues no tuvo que ir al médico hasta que tuvo más de ochenta años... Ni siquiera fue al dar a luz, la ayudó una partera en casa...
Recuerdo su amabilidad y ternura, su tolerancia hacia otras formas de pensar, su sabiduría popular, sus refranes, su forma de coger las agujas y hacer punto de media, balanceándose en su maravillosa mecedora, que me llamaba tanto la atención; recuerdo cómo, pacientemente, cuando la cabeza ya se le empezaba a escapar, insistía en enseñarme el mismo punto una y otra vez...






2 comentarios:

  1. precioso, niña, yo también estoy llorando como una madalena...no sé que decir. Un beso

    carmen

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  2. A mí también me has hecho llorar... qué bonita redacción llena de detalles, qué suerte atesorar estos recuerdos y la esperanza que asombrosamente se vislumbra entre el dolor... en cuanto a todos esos recuerdos ha sonado en mi cabeza un trocito de una canción de U2...

    WALK ON, WALK ON
    WHAT YOUVE GOT THEY CANT DENY IT
    CANT SELL IT, OR BUY IT
    WALK ON, WALK ON
    STAY SAFE TONIGHT

    I KNOW IT ACHES
    YOUR HEART IT BREAKS
    YOU CAN ONLY TAKE SO MUCH
    WALK ON, WALK ON

    Hacia delante, pero con todas estas cositas en tu corazón, bonitos recuerdos, sentimientos, vivencias, que ni siquiera la muerte puede arrasar...
    Desde aquí le envío un beso, y también a su nieta guapa por supuesto.

    MUUAAA

    Paz

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